Erzsébeth Bathory La Condesa Sangrienta

 

Erzsébet nació en  Hungría7 de agosto de 1560 , dentro una de las familias más influyentes y adineradas de Transilvania. A los once años fue prometida con su primo Ferenc Nádasdy, conde, y a los doce, comenzaron a vivir juntos en el castillo de su suegra, Ursulla, una mujer inestable y vengativa. Tuvo una educación demasiado elevada para su época y su círculo, que, aunque lleno de figuras importantes, no sabían más que lo necesario para vivir. Esto no era suficiente para la mente privilegiada y cultivada de Erzsébet, que hablaba tres idiomas, húngaro, latín y alemán, y disponía de una amplia biblioteca, en unos tiempos en los que no se medía a alguien por su saber si no por su rango y casta. A los quince años se casó con Ferenc, una boda extravagante y lujosa que se celebró en el castillo de Varannó. Al contrario de lo que se hacía, fue Ferenc el que adoptó el apellido de su esposa al ser más ilustre que el suyo. Ferenc era un guerrero y siempre estaba fuera en una de las múltiples batallas de la época, por lo que Erzsébet siempre estaba en el castillo con su suegra y la corte familiar. Entonces no estaba mal visto castigar a los sirvientes, de hecho, aunque los matasen en cualquiera de los arrebatos ilustres, no se les condenaba ni criticaba por ello. Era lo normal. Su marido, Ferenc, tampoco era un angelito, se le conocía como el “Caballero Negro de Hungría”, pues le encantaba empalar a sus enemigos, entre otras torturas. Así, cuando Ferenc volvía de sus batallas, compartía con su mujer las mejores formas de castigo y ésta, le pedía consejo sobre la mejor manera de mantener a raya a sus sirvientes. Como los contactos entre esposos no era lo acostumbrado, los hijos tardaron en llegar, catorce años entre la primera y el último y la primogénita no nació hasta después de diez años de matrimonio. Cuando su último hijo, Pablo, contaba con seis años de edad, Ferenc murió y dejó viuda a Erzsébet, con 44 años. Entonces una mujer de cuarenta y cuatro años era casi anciana y ella adoraba la belleza, sin contar que era una viuda con mucho poder, dinero e influencia…y sola. Es en esta frase cuando las historias empiezan a diverger. Por un lado tenemos la trama para quitar a Erzsébet todo el elitismo, estatus y dominio, y por otro, la leyenda de la mayor asesina en serie de todos los tiempos.

La trama: Erzsébet poseía un gran condado en Transilvania y era juez y parte de las maquinaciones políticas de su entorno pero, había un par de inconvenientes, ya no tenía marido y tampoco poseía un ejército para defender su patrimonio. Cuando murió su marido se deshizo de su suegra y su cohorte, excepto de sus protegidas muchachas, que llevó a los sótanos de palacio para investigar nuevas formas de dolor. Contando con el excelente apoyo de Erzsébet, Gabor I Báthory, su hermano, se convirtió en Príncipe de Transilvania y comenzó una guerra contra Alemania. Esto la puso en peligro, pues el rey Matías II de Hungría, anhelaba sus territorios.

 

Comenzaron a surgir rumores sobre las muchachas que desaparecían y pronto un pastor protestante la acusó de brujería y de beberse la sangre de sus víctimas. También de practicar la magia roja, que consiste en el uso de la sangre y tejidos vivos, además del sexo, como medios para la manipulación o destrucción de otras personas no presentes en los ritos.

Matías se entrevistó con Jorge Thurzó, un primo de Erzsébet  con el que tenía una mala relación, y le presionó para que fuese con sus soldados al castillo de ésta a investigar. Erzsébet no disponía de ejército como bien sabía Matías y Jorge, no tuvo problema en sitiar la corte.

Cuando Jorge entró en el castillo se encontró con muchachas mutiladas, sirvientes despedazados, sangre por el suelo y multitud de cuerpos esparcidos por los terrenos. No habría pasado nada de ser sirvientes, pero no todas lo eran, había muchachas más o menos nobles entre sus víctimas. Por esto sí la podían acusar y lo hicieron. Absolutamente todos los seguidores de la condesa fueron acusados, unos de brujería, otros de asesinato y el resto de cooperación. Fueron decapitados y quemados, todos, menos las brujas y Erzsébet. A las brujas les arrancaron los dedos, uno a uno, con unas tenazas al rojo vivo y después fueron quemadas vivas. A Erzsébet la ley le amparaba, pues no era consentido el procesamiento judicial de una noble pero Matías apremiaba. Se decidió internarla en una de las instancias del palacio. Unos albañiles tapiaron puertas y ventanas, dejando justo un ventanuco por donde pasarle la comida. Esta fue su condena, emparedada de por vida y como era de prever, sin las ansiadas posesiones de Matías. Tras cuatro años sin ver la luz del sol, un guardia avisó de que Erzsébet, yacía tendida en el suelo bocabajo.

La leyenda: Cuando murió su marido, Erzsébet, amante de la belleza, se sentía mayor y vieja. Estando en el sótano, clavando palitos a una muchacha joven y virgen, pinchó en una vena de la doncella llenándose de sangre. Se limpió y acudió a la cita que tenía con un noble. La mala fortuna quiso actuar a través de las palabras del noble, que en su galantería le dijo a Erzsébet, “estáis especialmente bella esta noche”. Ella enseguida ató cabos, sangre-juventud-belleza. Nada pudo pararla. Al día siguiente, mientras una de sus sirvientas le cepillaba el pelo, le dio un tirón y, Erzsébet, respondió rompiéndole la nariz. La sangre de la muchacha le mojó y creyó ver que, donde la sangre caía, las arrugas desaparecían. Había encontrado el secreto de la eterna juventud. Ayudada por dos de sus sirvientes personales, un hombre y una mujer, llevaron a la muchacha al sótano. Le cortaron el cuello y llenaron un barril con su sangre. Aún reciente y tibia, Erzsébet se sumergió en el barreño, embadurnando su cuerpo con su color vino y tomándose una copa como si lo fuera. A partir de entonces, sus sirvientes, fueron recopilando muchachas de los alrededores para sus macabros juegos. Había convencido al pastor local para que diese digna sepultura a sus sirvientes pero el número de muertes era muy alto, incluso para un hombre de Dios acostumbrado a las defunciones lógicas por las enfermedades de la época y la falta de remedios. El pastor habló con la condesa y le dijo que morían demasiadas chicas por causas misteriosas. Erzsébet le amenazó para que callara y a partir de ahí, usó su jardín como cementerio improvisado. Su imaginación no tenía límites y probaba nuevas técnicas como quemar los genitales a algunas sirvientas con velas, carbón o hierro al rojo. Disfrutaba con el sexo y más si mezclaba con sangre, por lo que era muy normal que mordiera a sus víctimas con ahínco, especialmente en hombros, pecho  y los mofletes de la cara, que acostumbraba a arrancar de cuajo para beber su sangre directamente entre la carne.  Tiempo después no quedaban muchachas en la región y decidió acoger a doncellas nobles para educarlas. Pero claro, seguían muriendo en extrañas circunstancias.

El  pastor hizo caso omiso de la advertencia de Erzsébet y la denunció ante el rey Matías. Éste, como ya hemos visto, envió a Jorge y según su investigación, cuando llegó con su ejército el 30 de diciembre de 1610, no halló oposición ni recibimiento. Su primera visión fue un sirviente tirado en el patio, medio muerto a causa de una paliza que le había roto todos los huesos de la cadera, pero como era un sirviente, siguieron adelante. Ya en el interior del castillo, se encontraron, primero con una muchacha desangrada en el salón, y otra viva, con todo el cuerpo agujereado. En la mazmorra, doce que, aunque vivas, estaban mutiladas o perforadas. De debajo del castillo sacaron cincuenta más. Por todas partes manchas de sangre, serrín para limpiarla y un olor nauseabundo. Muchos cuerpos se escondieron en campos cercanos, silos, el río… Según el detallado diario de Erzsébet, escrito en el que se recreaba explicando las aberraciones a las que sometía a las muchachas diariamente, llegó a torturar y matar a seiscientas doce muchachas. Sin embargo, alguna consiguió escapar para dejar testimonios de denuncias como ésta que recoge la wikipedia, en otoño de 1609:

“…Una joven de doce años llamada Pola logró escapar del castillo de algún modo y buscó ayuda en una villa cercana. Pero Dorka y Helena Jo (los sirvientes), se enteraron de dónde estaba por los alguaciles y, tomándola por sorpresa en el ayuntamiento, se la llevó de vuelta al Castillo de Cachtice por la fuerza, escondida en un saco de harina. Vestida sólo con una túnica blanca, la condesa Erzsébet le dio la bienvenida al hogar con amabilidad, pero llamaradas de furia salían de sus ojos, la pobre ni se imaginaba lo que le esperaba. Con la ayuda de Piroska, Ficzko y Helena Jo, arrancó las ropas de la doceañera y la metieron en una especie de jaula. Esta particular jaula estaba construida como una esfera, demasiado estrecha para sentarse y demasiado baja para estar de pié. Por su cara interior, estaba forrada de cuchillas del tamaño de un dedo pulgar. Una vez la muchacha estuvo en el interior, levantaron bruscamente la jaula con la ayuda de una polea. Pola intentó evitar cortarse con las cuchillas pero Ficzko manipulaba las cuerdas de tal modo, que la jaula se balanceaba de lado a lado, mientras que desde abajo, Piroska la punzaba con un largo pincho, para que se retorciera de dolor. Un testigo afirmó que Piroska y Ficzko se dieron al trato carnal durante la noche, acostados sobre las cuerdas, para obtener el malsano placer del tormento que con cada movimiento padecía la desdichada. El tormento terminó al día siguiente, cuando las carnes de Pola estuvieron despedazadas por el suelo”

Nadie supo jamás qué pasaba por la cabeza de la condesa, rompió todas las tesis psiquiátricas. Sus tendencias sádicas extremas le llevaron a per-der el control, a asesinar sin piedad, disfrutando de cada herida, de cada tortura, de cada grito de las chiquillas, en un tiempo en el que la servidumbre eran menos que los perros. ¿Qué pensaría una chiquilla de doce años al entrar en una mazmorra de olor putrefacto, llena de maquinaria de tortura, con los restos de cuerpos de otras niñas, sin imaginar por su juventud, el dolor que un cuerpo puede aguantar, sabiendo que no existen héroes que la salven?

 

 

                                                             M.M.