Introducción a la Aromaterapia

 

Desde el principio de los tiempos, el ser humano, ha entendido que estimular los sentidos físicos, proporciona un bienestar añadido, distinto de otras experiencias externas. En todos estos siglos, desde  que se date la posible aparición de las primeras personas, se han creado distintos sistemas para contribuir a ese estado de relajación o felicidad. Nos encontramos en la era de la imagen y todo nos ha de entrar por los ojos. Está bien, pero tiene un problema que no se encuentra cuando se estimulan otros sentidos: que nunca es suficiente. Las películas, publicidad, programas televisivos, etc., van al ritmo vertiginoso que marca nuestro aburrimiento visual. Cada vez es más difícil ir al cine y salir maravillado por los elaborados efectos visuales que se producen delante de nuestras retinas. Aunque se intenta. Los efectos que la música, por ejemplo, proporciona a los oídos, es inigualable al visual y por supuesto, no aburre, relaja. Para sentirnos mejor estimulamos el tacto, tampoco aburre. El gusto tampoco lo hace y mucho menos el olfato, si conseguimos trabajar ciertas conexiones. Muchas personas se han interesado por estos efectos pero también las empresas que han inventado olores artificiales de todo tipo para estimular determinadas ventas, como el olor del pan recién horneado en los centros comerciales. Todos hemos sentido, creo, recuerdos asociados a olores  que no hemos descubierto hasta que el aroma ha vuelto a nosotros, años, incluso décadas después. Algunos nos traen cosas buenas y otros nos causan rechazo. Tanto pueden hacernos sentir bien como tremendamente mal. Y la aromaterapia se encarga, a través de olores, de recuperar, o de obtener,  un estado de equilibrio, paz y bienestar, favorable para la sensibilidad humana y efectiva. El sentido del olfato está conectado al sistema límbico. Esta parte del cerebro controla las emociones y se relaciona con la memoria. En la nariz tenemos sensores que detectan los olores y mandan la información al sistema límbico y dependiendo de qué aromas encuentren, determinan nuestro modo de sentir en cada momento. La aromaterapia se encarga de esto a través de olores, aceites y masajes, los instrumentos pueden ser desde velas, esencias, baños, vahos, difusores, compresas, hasta cataplasmas.

Aunque la mayoría de los aceites son de origen vegetal no hay que tomarlos a la ligera. Algunas plantas son irritantes, otras narcóticas, otras venenosas y no es conveniente meterse en el mundo “medicinal” si no se tiene un conocimiento previo o si no se cuenta con una supervisión de un especialista. Hay esencias que te matarían con sólo una gota.  Aquí vamos a intentar hablarte de cada aroma para que le saques el mayor rendimiento posible y puedas comprobar sus efectos, con sistemas prácticos que puedes usar en casa, en el momento que elijas o cuando necesites una dosis extra de revitalización.

M.M.